Déjame vivir en soledad este
dolor. El dolor de la partida, del decir adiós para nunca más volver a ver. El
dolor de dejar de sentir tu presencia en mi habitación, en el comedor, en la
sala, en el coche. El dolor de no saber a quién recurrir cuando necesito un
consejo aventurado, una llamada de atención o un hombre sobre quien derramar
mis lágrimas.
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miércoles, 11 de febrero de 2015
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